martes, 21 de febrero de 2012

PAZ Y CRIANZA: ¿Dónde nace la violencia?

Muchos niños modernos están hiper-estimulados con elementos externos y materiales, pero emocionalmente abandonados. De hecho 1 de cada 4 niños españoles se siente solo y algunos autores como Carlos González afirman que los “chicos de hoy son los que menos cariño reciben de toda la historia”.

¿Es la crianza actual pacífica?

La respuesta es tristemente NO, porque a las trágicas cifras de violencia física-visible contra los niños (del 16% al 63% según los países) que ocurren en el 90% de los casos dentro del propio núcleo familiar, hay que sumarle la violencia invisible-emocional fruto de una crianza de desapego: de pocos brazos, independencia precoz, dejar llorar a los bebés, separaciones tempranas de la madre, largas horas de guardería incluso a edades de gestación exógena (menos de 1 año) y sobre todo, primacía de la falacia del tiempo de calidad escaso.

“El Homo sapiens es el primate más violento del planeta contra la hembra de su misma especie y contra sus propias crías.” James Prescott

“Debería llamarnos la atención que el recrudecimiento de la violencia en nuestra sociedad ha ido acompañado de un mayor alejamiento en la relación padres-hijos, el que se enseña desde la cuna misma, cuando dejamos a nuestros hijos llorar por la noche”  

¿Y cómo influye la crianza en un comportamiento agresivo o amoroso?  

James Prescott, ex director del Instituto Nacional de la Salud y el Desarrollo Infantiles de EEUU, lleva años persiguiendo el origen neuronal de la violencia humana y explica que tras el nacimiento, con el cerebro en pleno desarrollo, las experiencias modelan aún más la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, y que la violencia está íntimamente relacionada con los circuitos cerebrales del placer.
 
“Cuando no se toca y no se rodea de afecto a los niños, los sistemas cerebrales del placer no se desarrollan. La consecuencia de ello son unos individuos y una cultura basados en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo”. James Prescott

Prescott estudió las costumbres relativas al contacto madre-hijo de 49 tribus de todo el mundo y estas fueron las conclusiones: los grupos poco afectivos con sus niños, y con muy poco contacto piel a piel, presentaron altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo, la agresividad era casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho con sus hijos.

Esto mismo lo corrobora Louis Cozolino, autor de “The neuroscience of human relationships” explicando que “cuando no hay mucho contacto o existe una falta de cuidados, es más probable que el cerebro desarrolle un sistema dirigido fundamentalmente por la adrenalina. Esto dará lugar a un tipo más violento, más agitado. Algo que tiene sentido desde un punto de vista evolutivo. Cuanto menos protegido esté un niño por sus padres, más agresivo tiene que ser para sobrevivir”.

La ecuación contraria es igualmente válida. En un entorno de afecto, contacto y amor se activan los circuitos neuronales de la serotonina, un neurotransmisor del bienestar.

Y esto es aplicable a todos los lugares del planeta, también a los padres occidentales modernos.

Michel Odent, importantísimo obstetra francés, asegura que la primera hora después del nacimiento es clave para que la biología y la psique reciban una impronta básica contra la violencia por la descarga masiva de la hormona del amor (oxitocina), que se genera en el momento del parto. Ésta desencadena la respuesta maternal y favorece la creación de un fuerte lazo entre madre e hijo.

Y Eduardo Punset en el documental sobre cerebro del bebé demuestra los efectos neuronales de dejar llorar a los bebés con un exceso de cortisol perjudicial que el cuerpo no puede asimilar. Por lo tanto, ¿qué debemos hacer si queremos paz de verdad en nuestra sociedad?

  •     Concebir a nuestros hijos con amor y responsabilidad
  •     Tener embarazos conscientes, sin estrés, sin miedos y vinculándonos con el bebé porque está demostrando la importancia neonatal en la personalidad posterior
  •     Acceder al parto como mujeres maduras y bien informadas sobre nuestra naturaleza y nuestra capacidad de parir y, si la salud nos acompaña, tener un parto lo más respetado posible. No formar parte voluntariamente del desastre de parir en el mundo
  •     No permitir que separen a nuestro bebé después del parto sin una razón de peso
  •     Ejercer de mamíferas con lactancia materna prolongada
  •     Llevar a nuestros hijos en brazos sin complejos
  •     Colechar si queremos
  •     No dejarles llorar
  •     Respetar el ritmo evolutivo de los bebés en todos los aspectos, sin acelerar ni forzar
  •     Criar con vínculo y contacto físico
  •     Dejar que nuestros niños sean niños y vivan su etapa de dependencia cubriendo totalmente sus necesidades físicas, emocionales y espirituales, de día y de noche para que algún día alcancen la independencia sana por maduración personal
  •     Dejar el bebé al cuidado de mínimo otra persona adulta (“se necesita una aldea para cuidar un niño”) en nuestras ausencias para trabajar u otras tareas
  •     Dedicar tiempo a nuestros hijos en CANTIDAD y de calidad
  •     Tener siempre presente que los primeros años de vida de nuestros hijos influyen pero no determinan, si no podemos cumplir los anteriores requisitos, nunca es tarde para subirnos al tren de la crianza natural 

"La transformación de una cultura violenta en una de paz comienza por el individuo que en la infancia es colocado en un camino de aceptación en vez de en otro de rechazo”. James Prescott

Si los padres hacemos nuestros deberes y sembramos la paz en nuestros hijos, la escuela solo tendrá que regarla, pero poco germinará en una tierra yerma.

Somos mamíferos, no podemos criar como reptiles sin sufrir las consecuencias.

Otra crianza y otro mundo es posible

Autora: María del Mar Jiménez Redal

martes, 7 de febrero de 2012

Información importante sobre la vacuna contra el HPV para prevenir el cáncer de cuello uterino.


Gardasil, de laboratorios Merck, y Cervarix, de Glaxo (que pueden venderse con otros nombres pero utilizan compuestos similares) son una vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), que provoca el cáncer de cuello de útero y formará parte del calendario oficial de inmunización.
Todas las niñas desde los 11 años de edad, estarán obligadas (por una bestial campaña propagandística) a inyectarse una controversial y peligrosa vacuna, denunciada en todo el planeta por cientificos y médicos ya que causa MUERTE ESPONTANEA, o puede provocar entre otras cosas: Parálisis, infertilidad, malformaciones, convulsiones, dolores de cabeza, mareos, pérdida temporal de la visión y pérdida de conciencia.

Los numerosos peligros de la vacuna contra el VPH

En primer lugar, la vacuna contiene sólo cuatro tipos de VPH, de las más de 100 cepas. Así que si la mujer contrajo alguno de esos 4 y no alguno de los 96 que no están incluidos... ¡Está de suerte! Y, si por el contrario, la mujer tiene uno de los cuatro tipos de virus contemplados en la vacuna, el compuesto tampoco funciona bien.

La vacuna puede dañar el sistema inmunológico y, potencialmente, puede conducir a la muerte. Las principales causas de muerte son los coágulos de sangre, insuficiencia respiratoria aguda, paro cardiaco, y "muerte súbita" debido a "causas desconocidas" poco después de recibir la vacuna.  11 muertes denunciadas ocurrieron dentro de las 2 semanas posteriores a la vacunación, y 7 en el plazo de 2 días... Así que cualquiera sea el mecanismo que induce la muerte, es rápido y eficiente.

Otros efectos secundarios incluyen:
  • Aborto involuntario y aborto espontáneo
  • Brote de verrugas genitales, incluso en pacientes que habían arrojado resultados negativos sobre VPH y/o verrugas genitales antes de la vacunación
  • Verrugas faciales y verrugas en las manos y los pies
  • Choque anafiláctico
  • Pérdida de la conciencia
  • Coma
  • Parálisis
  • Dolor de cabeza
  • Fiebre
  • Náuseas
  • Mareo
  • Vómitos
  • Diarrea
  • Mialgia (dolor muscular)
  • Receptoras de la vacuna presentaron efectos adversos más graves como gastroenteritis, apendicitis, enfermedad inflamatoria pélvica, asma, broncoespasmo y  artritis.

También es preciso saber que aparte de ser inyectadas con cuatro tipos de proteínas del VPH, las niñas y las mujeres que reciben esta vacuna también son contaminadas con  los siguientes coadyuvantes:
  1. Adyuvantes de aluminio: que han sido vinculados a daños neurológicos como la esclerosis múltiple, enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson.
  2. Polisorbato 80: que ha sido relacionado con la infertilidad en ratones.
  3. Borato de sodio: un ingrediente principal en veneno para cucarachas.
Es importante saber que NO han evaluado carcinogenicidad potencial de la vacuna, ni su genotoxicidad.

El caso de Jenny Tetlock

Aquí hay un caso, donde se puede ver funcionando esta peligrosa vacuna que, bajo ninguna circunstancia deberías administrarle a tu hija.
Un mes después de cumplir los 13 años de edad Jenny Tetlock fue vacunada contra el virus VPH, a partir de ello comenzó a presentar problemas en sus clases de gimnasia.  Esto fue el primer signo de una enfermedad muscular degenerativa que 15 meses más tarde la dejó casi totalmente paralizada. Su padre Philip Tetlock, profesor de la Universidad de California en Berkeley, se embarcó en una verdadera odisea para descubrir si el medicamento fue el culpable de lo ocurrido. Tetlock no fue el primero ni el unico en alzar la alerta sobre la Vacuna contra el VPH. El grupo de vigilancia de la institución publica Judicial Watch obtuvo informes periodicamente de la FDA sobre eventos adversos de esta vacuna. 10 muertes se relacionaron a la vacuna desde septiembre de 2007 hasta el 2008, y en ese lapso hubo otros 140 informes sobre daños y efectos secundarios graves como Síndrome de Aborto Involuntario y de Guillain-Barré. 
 
En el 90 por ciento de los casos el sistema inmunológico es suficientemente fuerte como para curar una infección por VPH sin ningún tratamiento. Así que el mantenimiento de un sistema inmune fuerte es vital para vencer el VPH, así como cualquier otra infección o enfermedad.

Fuente y más información en: