lunes, 16 de abril de 2012

EN BRAZOS: la importancia del contacto físico y del apego

Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?
La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.
Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.

Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.
Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.
“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.

El apego
Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.
El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.
Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…
Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.
En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.
Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.

La cultura del desapego
El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.
Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.
Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.
Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.
Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.

Cómo crear vínculo
Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.
Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.
Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos
de caprichosos y malcriados.
“CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS, ELLOS ESTARÁN DEMASIADO GRANDES…”
Texto de la Lic. María Paula Cavanna.
Psicóloga y fundadora de UPA

martes, 21 de febrero de 2012

PAZ Y CRIANZA: ¿Dónde nace la violencia?

Muchos niños modernos están hiper-estimulados con elementos externos y materiales, pero emocionalmente abandonados. De hecho 1 de cada 4 niños españoles se siente solo y algunos autores como Carlos González afirman que los “chicos de hoy son los que menos cariño reciben de toda la historia”.

¿Es la crianza actual pacífica?

La respuesta es tristemente NO, porque a las trágicas cifras de violencia física-visible contra los niños (del 16% al 63% según los países) que ocurren en el 90% de los casos dentro del propio núcleo familiar, hay que sumarle la violencia invisible-emocional fruto de una crianza de desapego: de pocos brazos, independencia precoz, dejar llorar a los bebés, separaciones tempranas de la madre, largas horas de guardería incluso a edades de gestación exógena (menos de 1 año) y sobre todo, primacía de la falacia del tiempo de calidad escaso.

“El Homo sapiens es el primate más violento del planeta contra la hembra de su misma especie y contra sus propias crías.” James Prescott

“Debería llamarnos la atención que el recrudecimiento de la violencia en nuestra sociedad ha ido acompañado de un mayor alejamiento en la relación padres-hijos, el que se enseña desde la cuna misma, cuando dejamos a nuestros hijos llorar por la noche”  

¿Y cómo influye la crianza en un comportamiento agresivo o amoroso?  

James Prescott, ex director del Instituto Nacional de la Salud y el Desarrollo Infantiles de EEUU, lleva años persiguiendo el origen neuronal de la violencia humana y explica que tras el nacimiento, con el cerebro en pleno desarrollo, las experiencias modelan aún más la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, y que la violencia está íntimamente relacionada con los circuitos cerebrales del placer.
 
“Cuando no se toca y no se rodea de afecto a los niños, los sistemas cerebrales del placer no se desarrollan. La consecuencia de ello son unos individuos y una cultura basados en el egocentrismo, la violencia y el autoritarismo”. James Prescott

Prescott estudió las costumbres relativas al contacto madre-hijo de 49 tribus de todo el mundo y estas fueron las conclusiones: los grupos poco afectivos con sus niños, y con muy poco contacto piel a piel, presentaron altos niveles de violencia en la edad adulta. Sin embargo, la agresividad era casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho con sus hijos.

Esto mismo lo corrobora Louis Cozolino, autor de “The neuroscience of human relationships” explicando que “cuando no hay mucho contacto o existe una falta de cuidados, es más probable que el cerebro desarrolle un sistema dirigido fundamentalmente por la adrenalina. Esto dará lugar a un tipo más violento, más agitado. Algo que tiene sentido desde un punto de vista evolutivo. Cuanto menos protegido esté un niño por sus padres, más agresivo tiene que ser para sobrevivir”.

La ecuación contraria es igualmente válida. En un entorno de afecto, contacto y amor se activan los circuitos neuronales de la serotonina, un neurotransmisor del bienestar.

Y esto es aplicable a todos los lugares del planeta, también a los padres occidentales modernos.

Michel Odent, importantísimo obstetra francés, asegura que la primera hora después del nacimiento es clave para que la biología y la psique reciban una impronta básica contra la violencia por la descarga masiva de la hormona del amor (oxitocina), que se genera en el momento del parto. Ésta desencadena la respuesta maternal y favorece la creación de un fuerte lazo entre madre e hijo.

Y Eduardo Punset en el documental sobre cerebro del bebé demuestra los efectos neuronales de dejar llorar a los bebés con un exceso de cortisol perjudicial que el cuerpo no puede asimilar. Por lo tanto, ¿qué debemos hacer si queremos paz de verdad en nuestra sociedad?

  •     Concebir a nuestros hijos con amor y responsabilidad
  •     Tener embarazos conscientes, sin estrés, sin miedos y vinculándonos con el bebé porque está demostrando la importancia neonatal en la personalidad posterior
  •     Acceder al parto como mujeres maduras y bien informadas sobre nuestra naturaleza y nuestra capacidad de parir y, si la salud nos acompaña, tener un parto lo más respetado posible. No formar parte voluntariamente del desastre de parir en el mundo
  •     No permitir que separen a nuestro bebé después del parto sin una razón de peso
  •     Ejercer de mamíferas con lactancia materna prolongada
  •     Llevar a nuestros hijos en brazos sin complejos
  •     Colechar si queremos
  •     No dejarles llorar
  •     Respetar el ritmo evolutivo de los bebés en todos los aspectos, sin acelerar ni forzar
  •     Criar con vínculo y contacto físico
  •     Dejar que nuestros niños sean niños y vivan su etapa de dependencia cubriendo totalmente sus necesidades físicas, emocionales y espirituales, de día y de noche para que algún día alcancen la independencia sana por maduración personal
  •     Dejar el bebé al cuidado de mínimo otra persona adulta (“se necesita una aldea para cuidar un niño”) en nuestras ausencias para trabajar u otras tareas
  •     Dedicar tiempo a nuestros hijos en CANTIDAD y de calidad
  •     Tener siempre presente que los primeros años de vida de nuestros hijos influyen pero no determinan, si no podemos cumplir los anteriores requisitos, nunca es tarde para subirnos al tren de la crianza natural 

"La transformación de una cultura violenta en una de paz comienza por el individuo que en la infancia es colocado en un camino de aceptación en vez de en otro de rechazo”. James Prescott

Si los padres hacemos nuestros deberes y sembramos la paz en nuestros hijos, la escuela solo tendrá que regarla, pero poco germinará en una tierra yerma.

Somos mamíferos, no podemos criar como reptiles sin sufrir las consecuencias.

Otra crianza y otro mundo es posible

Autora: María del Mar Jiménez Redal

martes, 7 de febrero de 2012

Información importante sobre la vacuna contra el HPV para prevenir el cáncer de cuello uterino.


Gardasil, de laboratorios Merck, y Cervarix, de Glaxo (que pueden venderse con otros nombres pero utilizan compuestos similares) son una vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), que provoca el cáncer de cuello de útero y formará parte del calendario oficial de inmunización.
Todas las niñas desde los 11 años de edad, estarán obligadas (por una bestial campaña propagandística) a inyectarse una controversial y peligrosa vacuna, denunciada en todo el planeta por cientificos y médicos ya que causa MUERTE ESPONTANEA, o puede provocar entre otras cosas: Parálisis, infertilidad, malformaciones, convulsiones, dolores de cabeza, mareos, pérdida temporal de la visión y pérdida de conciencia.

Los numerosos peligros de la vacuna contra el VPH

En primer lugar, la vacuna contiene sólo cuatro tipos de VPH, de las más de 100 cepas. Así que si la mujer contrajo alguno de esos 4 y no alguno de los 96 que no están incluidos... ¡Está de suerte! Y, si por el contrario, la mujer tiene uno de los cuatro tipos de virus contemplados en la vacuna, el compuesto tampoco funciona bien.

La vacuna puede dañar el sistema inmunológico y, potencialmente, puede conducir a la muerte. Las principales causas de muerte son los coágulos de sangre, insuficiencia respiratoria aguda, paro cardiaco, y "muerte súbita" debido a "causas desconocidas" poco después de recibir la vacuna.  11 muertes denunciadas ocurrieron dentro de las 2 semanas posteriores a la vacunación, y 7 en el plazo de 2 días... Así que cualquiera sea el mecanismo que induce la muerte, es rápido y eficiente.

Otros efectos secundarios incluyen:
  • Aborto involuntario y aborto espontáneo
  • Brote de verrugas genitales, incluso en pacientes que habían arrojado resultados negativos sobre VPH y/o verrugas genitales antes de la vacunación
  • Verrugas faciales y verrugas en las manos y los pies
  • Choque anafiláctico
  • Pérdida de la conciencia
  • Coma
  • Parálisis
  • Dolor de cabeza
  • Fiebre
  • Náuseas
  • Mareo
  • Vómitos
  • Diarrea
  • Mialgia (dolor muscular)
  • Receptoras de la vacuna presentaron efectos adversos más graves como gastroenteritis, apendicitis, enfermedad inflamatoria pélvica, asma, broncoespasmo y  artritis.

También es preciso saber que aparte de ser inyectadas con cuatro tipos de proteínas del VPH, las niñas y las mujeres que reciben esta vacuna también son contaminadas con  los siguientes coadyuvantes:
  1. Adyuvantes de aluminio: que han sido vinculados a daños neurológicos como la esclerosis múltiple, enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson.
  2. Polisorbato 80: que ha sido relacionado con la infertilidad en ratones.
  3. Borato de sodio: un ingrediente principal en veneno para cucarachas.
Es importante saber que NO han evaluado carcinogenicidad potencial de la vacuna, ni su genotoxicidad.

El caso de Jenny Tetlock

Aquí hay un caso, donde se puede ver funcionando esta peligrosa vacuna que, bajo ninguna circunstancia deberías administrarle a tu hija.
Un mes después de cumplir los 13 años de edad Jenny Tetlock fue vacunada contra el virus VPH, a partir de ello comenzó a presentar problemas en sus clases de gimnasia.  Esto fue el primer signo de una enfermedad muscular degenerativa que 15 meses más tarde la dejó casi totalmente paralizada. Su padre Philip Tetlock, profesor de la Universidad de California en Berkeley, se embarcó en una verdadera odisea para descubrir si el medicamento fue el culpable de lo ocurrido. Tetlock no fue el primero ni el unico en alzar la alerta sobre la Vacuna contra el VPH. El grupo de vigilancia de la institución publica Judicial Watch obtuvo informes periodicamente de la FDA sobre eventos adversos de esta vacuna. 10 muertes se relacionaron a la vacuna desde septiembre de 2007 hasta el 2008, y en ese lapso hubo otros 140 informes sobre daños y efectos secundarios graves como Síndrome de Aborto Involuntario y de Guillain-Barré. 
 
En el 90 por ciento de los casos el sistema inmunológico es suficientemente fuerte como para curar una infección por VPH sin ningún tratamiento. Así que el mantenimiento de un sistema inmune fuerte es vital para vencer el VPH, así como cualquier otra infección o enfermedad.

Fuente y más información en: 


martes, 24 de enero de 2012

LA LACTANCIA Y EL SUEÑO COMPARTIDO

Nota para compartir:

LA LACTANCIA Y EL SUEÑO COMPARTIDO: UNAS PRÁCTICAS ANCESTRALES QUE SIGUEN SIENDO ÚTILES.

Con el fin de valorar y de comprender mejor lo que constituye el entorno óptimo para los bebés humanos y sus madres, un entorno que reduzca el riesgo para la criatura de muerte por MSN o por cualquier otra causa, es necesario utilizar unos términos muy precisos para referirnos a los medios con los que podemos satisfacer las necesidades biológicas del bebé. Estas necesidades son en resumidas cuentas, una lactancia totalmente a demanda, y un contacto físico tanto durante la noche como durante el día.

Quizá nunca haya habido una noción más exacta que la que dió Winnicott hace ya bastantes años: ‘Un bebé solo, eso no existe; lo que existe es un bebé con alguien’.


El sueño compartido -el hecho de que madre y criatura duerman la una junto a la otra- constituye el contexto evolutivo del desarrollo del sueño en el bebé. Hasta muy recientemente, para las criaturas recién nacidas, era un pre-requisito para su supervivencia. Sigue siéndolo para la mayoría de los pueblos contemporáneos excepto para la población occidental industrializada. En la medida en que el cuerpo del bebé humano continúa estando adaptado únicamente al cuerpo de la madre, el sueño compartido con las tetadas nocturnas sigue siendo importante desde el punto de vista clínico, y puede potencialmente salvarle la vida.



Esto está ligado al hecho de que los humanos son los mamíferos que nacen más profundamente inmaduros (el cerebro del bebé sólo es un 25% de lo que será su volumen adulto), su desarrollo es el más lento, y es el más dependiente durante un periodo de tiempo más largo, en lo que se refiere a sus necesidades nutricionales, sociales, emocionales, y a la necesidad de ser transportado. De hecho, llevar, cuidar, o acariciar a un bebé, emitir un olor y respirar a su lado, induce en el bebé un aumento de su temperatura, una baja en la duración de su llanto, una variabilidad más importante del ritmo cardíaco, menos apneas, un nivel de stress más bajo, un mayor almacenamiento de glucosa, y un mejor crecimiento cotidiano.

Además, en la medida en que la leche humana es relativamente pobre en grasas y en proteínas, y que es relativamente rica en azúcares que se metabolizan rápidamente, y en la medida en que la criatura humana es incapaz de moverse por sí misma, necesita de contacto y de ser llevado de manera continua, con tetadas frecuentes noche y día. En consecuencia, todo estudio que tenga por objetivo comprender los ritmos ‘normales’ del sueño de la criatura humana, y que no tenga en cuenta el rol vital del contacto nocturno en forma de lactancia y de proximidad de la madre, debe considerarse inadecuado, engañoso y/o fundamentalmente sesgado.

Nota entera http://www.tenemostetas.com/search/label/colecho

Saludos a todos

jueves, 5 de enero de 2012

Fiebre y enfermedades infantiles

Con respecto a la fiebre y la importancia de respetarla como gran mecanismo de defensa y curación, encontré un muy buen artículo que me gustaría compartir con todos para inagurar el blog:

El miedo a la fiebre

"Especialmente en el caso de las enfermedades infantiles los padres, conscientes de su responsabilidad y en su afán de velar por un ser indefenso y dependiente de la ayuda de sus semejantes, ven con angustia y espanto los aspectos, al parecer sólo negativos y peligrosos, de las enfermedades. ""...""

En efecto, hoy en día el mercado ofrece numerosos medicamentos por medio de los cuales el médico está en condiciones de disminuir, e incluso eliminar la fiebre en el término de pocas horas. Pero, lamentablemente, se le presta muy poca atención al hecho de que se hace cada día más necesario poner en el mercado nuevas "drogas prodigiosas" más potentes, debido a que las anteriores dejan de surtir efecto. Sin embargo parece ser que la relación "drogas peligrosas - eliminación de la fiebre - curación" carece de fundamento. A qué se debe, si no, el que a pesar de todo los médicos cada día tengan más trabajo y los hospitales no den abasto? Sin duda alguna, gran número de enfermedades en estado agudo pierden rápidamente su carácter violento gracias a esa clase de medicamentos, pero después de estos tratamientos se ve con frecuencia que el paciente no ha sanado en la verdadera acepción de la palabra -no se restablece del todo- aquejándole, a veces muy pronto, otro tipo de trastornos, pues los anteriores no han sido curados realmente, sino sólo tratados sintomáticamente, es decir, reprimidos.

El motivo de que se presenten más y más enfermedades sin estados febriles, tal como se observa hoy en día, no residirá quizás en que el hombre ha perdido el hábito de generar la "fiebre curativa" a raíz del empleo de medicamentos violentos? Sea como fuere, es un hecho indiscutible que el hombre civilizado apenas conoce en la actualidad la sensación de disfrutar de plena salud, se encuentra en un continuo estado de "suspenso" entre una especie de "semienfermedad" y "semisalud".

Hasta hace poco esta evolución se había limitado a los adultos. Sin embargo, es de lamentar que los "éxitos" médicos descritos se vayan extendiendo paulatinamente a grupos de individuos de edades cada vez menores, es decir, a escolares e incluso a párvulos y lactantes. Hay actualmente niños de dos o tres años que no responden a estos tratamientos, debido a que han tenido ya amplio contacto con los antibióticos existentes, y como los diversos gérmenes se han ido haciendo resistentes a tales medicamentos, la fiebre no se deja reprimir. Cada dos o tres semanas vuelven a presentar alguna enfermedad febril aguda. En ese momento se puede percibir la desesperada vehemencia con la que el niño que ha nacido sano desea experimentar y hacerle frente a una enfermedad, aunque sólo sea por una vez. Ese niño está vacunado contra todo, pero a pesar de ello, quiere ponerse a prueba a sí mismo en una enfermedad, quiere que le dejen hacer uso de sus propias capacidades curativas para fortalecer con ello su constitución.

Es obvio que en los casos de abuso de medicamentos nos encontramos ante manifestaciones degenerativas de nuestra civilización, degeneraciones que, por el momento, aún no constituyen normas. Pero tampoco cabe duda de que estas tendencias van en ascenso, de que el número de esos desdichados niños es ya enorme y de que seguirá en aumento."

Y termina diciendo:

"Aquél que comprenda el encadenamiento fundamental aprenderá a ver los maravillosos procesos de la fiebre con otros ojos. Los observará con esmero y atención, pero ya no tratará de intervenir prematuramente y de manera abrupta en el curso de la curación partiendo de estrechos temores. El lugar del temor lo ocupará la admiración hacia estos sabios procesos de la naturaleza, así como la confianza en las fuerzas vivas de cada ser humano en desarrollo, que está tratando de abrirse paso hacia su corporeidad de las más variadas e individuales maneras."

Artículo completo en: